Si Internet tiene sobre la política los mismos efectos que ha tenido sobre la vida social, los negocios o el entretenimiento, vamos a ser testigos de una transformación sin precedentes de la esfera política mundial, al menos de la desarrollada.
Mientras para algunos la democracia electrónica es la gran esperanza para mejorar nuestros imperfectos sistemas políticos, los desafíos y retos que ésta plantea están ya haciendo reflexionar a muchas cabezas pensantes. Por lo pronto, los primeros datos parecen esperanzadores. Una encuesta realizada entre jóvenes de 18 y 27 años en los Estados Unidos a principios del 2000 indicaba que más del 70% de ellos votarían si pudieran hacerlo a través de Internet y se demostraba que el 90% de la gente que utiliza información Web para conocer mejor a los candidatos es gente que acaba votando. Este estudio también mostraba que la gran mayoría de norteamericanos creían que votar por Internet debía ser una alternativa.
Sea esto un mero impulso derivado de la fascinación tecnológica que la juventud siente por las redes de comunicaciones, sea una voluntad decidida a aumentar la participación en la vida política general, Internet podría constituir un empujón sin límites para combatir la desafección política que sufren de forma creciente todas las sociedades acomodadas. Se puede no votar por desidia, por desvinculación política y social, por desinterés o simplemente como forma de reivindicar un descontento social. Pero cuando la posibilidad de dar a conocer tu opinión está a un simple clic de ratón muchas de estas barreras supuestamente ideológicas pueden desmoronarse sin más. La interactividad puede ser un importante factor de vinculación social pero ¿qué significa la interactividad en el contexto político?
Interactividad significa bidireccionalidad y en la política esto es un arma de doble filo. Los electores y los políticos ven aumentar, multiplicarse y aparecer nuevos canales de comunicación entre ambos. Es lo que se denominan las estrategias de pull y de push, de atracción hacia uno y de impulso, de transmisión hacia el otro.
Por ejemplo, para atraer a los electores, los partidos políticos han dispuesto tradicionalmente de unos pocos y anodinos minutos en la televisión, mítines presenciales a los que sólo acuden los seguidores fieles y un programa electoral impreso en octavillas o folletos que se reparten físicamente por las casas y las calles de las ciudades. Internet añade todo un nuevo arsenal de posibilidades para informar a los electores (o a los votantes de un referéndum sobre cualquier cuestión). Desde la página Web del candidato o del partido hasta la implantación de sofisticados procesos de márketing basados en los gustos y opiniones de los ciudadanos, fácilmente recabados en el entorno digital en tanto en cuanto cualquiera de sus actividades es susceptible de dejar una huella de la misma.
En el caso de un referéndum sobre un tema médico farmacéutico, por ejemplo, los ciudadanos pueden ser sometidos a una bombardeo informativo por parte de los diferentes grupos de presión que defienden intereses opuestos y que, a buen seguro, se dirigirán a aquellos ciudadanos más susceptibles, por su perfil digital, a apoyar sus argumentos, despertando o reactivando su interés por un tema por el que quizás no se hubieran molestado jamás en emitir un voto. Sin duda, como afirma David C. King (“The new political machine”, The Boston Globe, mayo 2000), cuando el márketing político despierte en Internet más vale que nos coja preparados.
King también abunda en otro de los aspectos en los que los partidos están obteniendo buenos resultados a través de la red en Estados Unidos. Se trata de la financiación. Sabido es de todos que en ese país el sistema de financiación de los partidos políticos permite que estos reciban recursos económicos de cualquiera y que puedan solicitarlos abiertamente. La financiación política norteamericana a través de Internet mostró cifras más que sorprendentes ya en el año 2008. La posibilidad de los partidos políticos norteamericanos de atraer a su causa a ciudadanos de todo el mundo se multiplica con la Red.
La tecnología pull también tiene sin embargo sus limitaciones. Las posibilidades que ofrece la Red para suministrar mayor información del votante podrían verse ahogadas en una democracia cada vez más directa, incapacitada para informarles como es debido si se ejerce la consulta popular con demasiada reiteración. Justamente, el principal peligro en una democracia directa es, para sus detractores, que se someta a consideración de ciudadanos desinformados cuestiones de suma importancia. Para dar respuesta a estas críticas, que no sólo se hacen a una democracia más plebiscitaria, sino también a la simple posibilidad de votar electrónicamente, nacen las propuestas de forums electrónicos en pos de alcanzar una democracia deliberativa o científica. Tal vez conseguir unos paneles de ciudadanos representativos y bien informados podría reducir el número de consultas generales y aumentar el acierto de las soluciones propuestas.
En el otro lado, las tecnologías push pueden suponer desde el fichaje de candidatos a través de Internet, entre los ciudadanos más motivados y preparados, hasta, como decíamos al principio de este documento, en la devolución de la agenda política a los ciudadanos, quienes tendrían de esta manera capacidad para impulsar la política en las direcciones que realmente les preocuparan.
Fuente: Núria Almiron (Hacer Política en Internet)