En el sitio Bitelia se encuentra publicado un artículo en el cual se habla sobre la disyuntiva de que plataforma elegir al momento de efectuar tareas de este tipo, no sabiendo qué red elegir.
Vía: Facebook Noticias.
En el sitio Bitelia se encuentra publicado un artículo en el cual se habla sobre la disyuntiva de que plataforma elegir al momento de efectuar tareas de este tipo, no sabiendo qué red elegir.
Vía: Facebook Noticias.


Las páginas web de la Motion Piictures Ass. of America (MPAA) y de AiPlex Software, una empresa implicada en ataques pagados por la industria a sitios de descarga,estuvieron caídos prácticamente todo el día de ayer debido a un ataque distribuido de denegación de servicio lanzado desde4chan, un sitio conocido, entre otras muchas cosas, por su implicación en actividades de ciberactivismo.Hoy domingo a las 21:00 hora española, la página atacada será la de la Recording Industry Ass. of America (RIAA).
Los ataques están siendo lanzados desde la comunidad Anonymous, conocida por ataques anteriores contra la Iglesia de la Cienciología, mediante el procedimiento de instar a los usuarios a utilizar una herramienta de uso sencillo y nombre efectista con tintes geek, el Low Orbit Ion Cannon (L.O.I.C.), a la que se suministra la dirección de la página a atacar, y que emite solicitudes constantes a la página hasta que, utilizada de un modo masivo por un gran número de personas, termina provocando su caída. Por su distribución como software de código abierto a través de SourceForge, la circulación de esta herramienta no puede ser detenida, y la creación de otras similares no resultaría demasiado compleja.
Nos enfrentamos a una cuestión de interpretación importante: un ataque distribuido de denegación de servicio hecho de manera automatizada, utilizando redes de ordenadores zombies o métodos similares, es un procedimiento utilizado con frecuencia por mafias con fines criminales, para extorsionar a empresas o delitos similares. Una de las páginas atacadas, AiPlex, utilizaba de hecho el ataque de denegación de servicio para atacar a páginas de descargas, lo que da al hecho una imagen de cierta “justicia”.
Pero la acción lanzada por Anonymous no es exactamente lo mismo: se trata, en este caso, de miles de personas reales, no de bots, personas reales que se coordinan para lanzar un ataque contra un objetivo común, exactamente de la misma manera que lo harían para manifestarse en la calle o cualquier otro tipo de protesta ciudadana. Por supuesto, las protestas ciudadanas pueden ser legítimas o no serlo, pueden respetar las normas de convivencia o no hacerlo, pero, ¿puede considerarse contraria a la convivencia o incívica la acción de un ciudadano que, en el seno de una protesta organizada y no violenta, decide dirigirse a una página determinada e inundarla con solicitudes?
La interpretación es cuando menos discutible. Y en cualquier caso, discutible o no, ¿puede ser detenida o evitada? ¿Cómo evitar que un grupo suficientemente numeroso de ciudadanos protesten de manera organizada? Estamos en el asunto de siempre en Internet: la resistencia en “modo Fuenteovejuna”, unida a los protocolos que definen el funcionamiento distribuido de la red, resultan prácticamente imparables. Nadie puede impedir que un ciudadano se instale un programa y lance peticiones a una página web.
Por el momento, en algo menos de dos horas desde el momento en que publico esta entrada, la página de la RIAA será víctima de un ataque de denegación de servicio y permanecerá caída un buen número de horas. Pero yendo más allá de esta protesta en concreto… ¿estamos viendo la aparición de un nuevo tipo de activismo? ¿Será la siguiente la página de un gobierno que consiga el suficiente consenso entre sus ciudadanos como para querer demostrar de esa manera su descontento? Olvidemos los autobuses, los desplazamientos físicos, el salir a la calle… olvidemos la posibilidad de utilizar a las fuerzas antidisturbios ¿Veremos cómo llega la era de las cibermanifestaciones? ¿Puede prohibirse el derecho de un ciudadano a protestar? Silenciar una página web por la acción de miles de ciudadanos empuñando cañones que disparan bits no parece, visto así, un ejemplo de democracia, pero ¿lo es pretender excluir a ciudadanos del uso de la red porque han descargado unos ficheros determinados y con el fin de proteger los intereses de una industria que se niega a adaptarse, o utilizar esos mismos medios – el DDoS – para silenciar páginas que no convienen a sus intereses económicos?
El asunto, visto de un modo analítico, es fascinante, pues representa la aparición de nuevas reglas, de nuevas leyes no escritas en la red. Leyes no escritas que supondrán cambios en la manera que tenemos de entender el activismo y la protesta, que interaccionarán de maneras complejas con las leyes que rigen en la actualidad fuera de la red. La red, reaccionando contra quienes quieren impedir que siga teniendo las características de la red.
El futuro del papel es ya meramente coyuntural. Si cabe, como mucho, generacional: el papel durará hasta que aquellos que crecieron en un mundo en el que el papel era la forma más barata y eficiente de diseminar información se pasen finalmente a mejores métodos o, simplemente, desaparezcan. En una generación, la idea de cultivar bosques, talarlos, transportar la madera, someterla a complejos procesos de transformación física y química, imprimir con tinta sobre el producto y distribuirlo a los lectores se verá ya como lo que es hoy: un total y absoluto anacronismo.
En efecto: desde que la tecnología de fabricación de papel inició su andadura y desde que Gutenberg perfeccionó la tecnología para crear múltiples copias impresas de un original, el papel fue la forma más económica de hacer que la información circulase, y ello llevó a la edificación imperios económicos basados en la creación y circulación de dicha información. Sin embargo, esto ya no es así en el mundo actual. Si bien la conectividad todavía no es ubicua, el crecimiento de la cifra de población conectada es incesante, y la manera más eficiente de hacer que la información circule, decididamente, ya no es el papel. Resulta completamente obvio mencionarlo: el papel está sujeto a una logística lenta y pesada, no se actualiza una vez impreso, limita enormemente la interacción bidireccional y es comparativamente muy caro: con respecto a la circulación de información en bits, el papel deja ver claramente su verdadera naturaleza, la de producto dramáticamente anticuado, obsoleto, propio de otra época.
Podemos ponernos nostálgicos. Podemos hablar del olor del papel, de su mayor portabilidad, de comodidad en determinadas situaciones, de romanticismo o de que no sirve para matar moscas. Podemos justificar los inmensos desarrollos e inversiones acometidas para asegurar que el papel llegue a los quioscos y hogares de los suscriptores puntualmente todas las mañanas. Podemos comprometer dinero público para regalar periódicos a los jóvenes. Pero la verdad es la que es: los jóvenes no quieren un periódico de papel ni en pintura. No lo usan, no les resulta cómodo, ven absurdo que contenga las noticias de ayer, y cuando ven en él algo interesante, no pueden copiarlo, pegarlo, reenviarlo, votarlo, vincularlo ni hacer ninguna de las cosas que gustan hacer con la información. Algunos de los periódicos más históricos e importantes ya han anunciado que abandonarán el papel en el futuro. La circulación de periódicos cae en todos los mercados. También lo hacen los beneficios, siguiendo la pauta marcada por la caída de la inversión publicitaria. Los periódicos del futuro, ni serán periódicos (serán continuos), ni mucho menos estarán hechos de papel. ¿Desaparecerán los periodistas? Para nada, simplemente adaptarán sus metodologías de trabajo al nuevo soporte. ¿Desaparecerá la industria papelera? Tampoco. Se me ocurren algunos usos del papel que no acabo de ver sustituidos por su equivalente electrónico.
Podemos vestirlo como queramos, pero al papel como soporte de información ya solo lo mantienen los usos y costumbres asentados en una generación que creció con él, mientras que para la generación que solo lo maneja en el colegio ya no tiene el más mínimo sentido. No es un cambio que vayamos a ver de un día para otro, estas cosas no funcionan así. Pero es evidente y simple: el papel ha sido superado tecnológicamente, tanto en desarrollo, como cada día más en alcance y difusión. Actualicen sus agendas… electrónicas.
La religión toma muchas formas en Facebook. Hay una página de la Biblia con más de 4.5 millones de ¨me gusta¨. Los líderes religiosos están ganando un montón de fans, por ejemplo, el Dalái Lama cuenta con más de 914.445 personas que lo apoyan.
Muchos líderes de congregaciones promocionan hoy en día sus eventos religiosos a través del carelibro, afirmando que es uno de los medios de comunicación con mayor impacto en el mercado. No cabe la menor duda que los resultados tras cada anuncio son bastante positivos.
En Facebook también se ven algunas aplicaciones relacionadas con Dios, y muchas de ellas reciben a diario a cientos de personas creyentes y necesitadas del todo poderoso. La palabra de Dios se anda expandiendo por todos los rincones del mundo, y obviamente en las redes sociales no sería la excepción.
Dios está presente en cada uno de nosotros, y acercarse a él y a su palabra ya no es tan difícil como hace algunos años, donde escaseaban sus textos indicando que era lo correcto e incorrecto.
Vía | insidefacebook
