miércoles, 18 de julio de 2012

CANDIDATOS MEDIÁTICOS



La evolución tecnológica ha generado una transformación en el "modelo de negocio" del periodismo, aumentando con ello la necesidad de acceder a nuevas fuentes de obtención de recursos; dinámica comercial que sin duda agrega una complejidad más volátil al ejercicio de transmitir información veraz e imparcial.

La publicidad como principal mecanismo de financiación de los medios de comunicación y a su vez, los medios como principal espacio de publicidad con fines comerciales, es una realidad que merece ser analizada con profundidad sobre todo en el contexto de procesos democráticos. En este sentido, surgen interrogantes sobre cuál es el tratamiento que debe darse a la publicidad cuando va de la mano de la política. ¿Es reprochable que los gobiernos y las instituciones inviertan recursos públicos en medios de comunicación por concepto de “manejo de imagen”?, ¿qué pasa cuando el gobernante rechaza propuestas publicitarias, le sigue necesariamente por parte del medio una campaña de desprestigio? o ¿se vuelve el mandatario un fantasma en el cubrimiento noticioso?

La realidad actual de México tras el triunfo de Enrique Peña Nieto es un escenario que sirve para aterrizar estos planteamientos. Denuncias indican que Televisa, el canal de televisión más importante de México y uno de los más importantes de América Latina, habría vendido al presidente electo una “cobertura favorable” durante su campaña.

Televisa habría actuado como especie de asesora de marketing en la sombra. Pero no solo en su candidatura Peña Nieto lideró procesos democráticos de la mano de los medios de comunicación, también como gobernador del estado de México habría gastado más de 13 millones de dólares en publicidad, en comerciales que aparecían actores de telenovelas mexicanas anunciando los logros de su gobierno.

La objetividad de los medios de comunicación es puesta en tela de juicio en todas partes del mundo. Las críticas indican que la visibilidad mediática debilita la democracia.  Pero en el caso puntual de Televisa, más que un canal de televisión, es un conglomerado de medios de comunicación, una productora de material audiovisual de carácter privado a través de empresas como Televisa Cine, Televisa Consumer Products, Televisa Interactive Media, Televisa Networks, Editorial Televisa, entre otros. Y en este sentido es libre de prestar sus servicios sin ningún tipo de restricción, la cuestión sería más bien si deben regularse los recursos públicos a invertir por estos conceptos, pero, ¿qué sucede cuando los recursos son privados?, como los de un candidato en campaña, ¿cabría regulación de esta clase en un régimen democrático?, más allá del rubro máximo a invertir, y otros temas, algunos menores, que normalmente, se legislan.

Sostienen críticos que Peña Nieto no hubiese llegado a ser elegido de no ser por el enorme aparato mediático que tuvo alrededor. Pero gobernar no es solamente una emoción televisada. Reducir la política al uso que haga un candidato en campaña de los medios de comunicación, acciones propias de un plan estratégico de marketing político para triunfar, no son elementos para deslegitimar posteriormente a un gobernante, mucho menos al ejercicio del votante.

Sin duda la Telepolítica pareciera favorecer más a la época electoral que a la de gobierno,  no solo a los candidatos sino también a los medios, por la facilidad de manipular recursos con menor restricción. Pero en el contexto actual decir que la política mediática o de “espectáculo” patrocinada tiene una injerencia determinante y absoluta en la opinión pública, niega el impacto de los nuevos medios, como las redes sociales, mismos que se convierten en espacios masivos de participación y defensa de la libertad de expresión, sobre todo en procesos políticos. El tema seguirá aportando episodios que contar y analizar, pero definitivamente la historia ha demostrado que, aunque a veces tarde, siempre se impone la intuición colectiva.

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