martes, 7 de enero de 2014

¿Qué es el marketing político? 3 definiciones

questions or decision making concept
A grandes rasgos, el marketing político es la influencia que se puede lograr en los consumidores en cuando a temas de la rama en específico: votar por ciertos candidatos, o por otro tipos de asuntos públicos. Pero hay más que decir acerca del marketing político para entender cabalmente cómo funciona. A continuación, tres definiciones útiles.
Avraham Shama, del departamento de marketing de la Universidad Baruch en Nueva York, lo define como “el proceso mediante el cual los candidatos políticos y las ideas son dirigidas a los votantes en orden de satisfacer sus necesidades políticas y ganar su apoyo para apoyar al candidato y sus ideas”.
El Doctor Bruce I. Newman, profesor de mercadotecnia de la Universidad DePaul en Chicago, define el marketing político como “la aplicación de principios de mercadotecnia y procedimientos en las campañas políticas de varios individuos y organizaciones. Los procesos involucrados incluyen el análisis, desarrollo, ejecución y gerencia de campañas estratégicas de candidatos, partidos políticos, gobiernos, lobistas y grupos interesados en influenciar la opinión pública, dar avance a sus propias ideologías, ganar elecciones y hacer legislaciones en respuesta a las necesidades y requerimientos de personas selectas”.
En el libro Political Marketing: Theoretical and Strategic Foudations de Wojciech Cwalina, Andrzej Falkoski y el mismo Bruce I. Newman, definen el marketing político como “la integración de propuestas que permiten tener un entendimiento del comportamiento humano”, que es la base para lograr una buena campaña de marketing político, pues se hace “énfasis en los mecanismos psicológicos del comportamiento del votante” y que “no se limita solo a los periodos de elecciones y campañas, pues ya no hay diferencia entre la elección y el resto del calendario político”. Mantener la estrategia durante toda la temporada, construye confianza, credibilidad y legitimización. El marketing político “es una disciplina. El estudio de procesos e intercambios entre entidades políticas y su ambiente, con referencia particular del posicionamiento de comunicaciones en distintas entidades”.


Fuente: Merca2.0

lunes, 23 de septiembre de 2013

¿Por qué estudiar Marketing Político?

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Por: Ekhiñe Graell Larreta
El Marketing Político es el marketing diseñado para influir en los consumidores acerca de los problemas políticos, en particular en relación a los candidatos a cargos públicos o a los asuntos públicos.

¿Por qué estudiar Marketing Político?

El Marketing Político utiliza las estrategias del marketing para promocionar una campaña política concreta, candidatos políticos o cualquier asunto relacionado con la política. El marketing de estas campañas políticas puede realizarse tanto por motivos electorales como por razones de difusión institucional. Si te interesa el marketing y la política esta es tu carrera. El Marketing político se ha convertido en un componente vital de la comunicación política. La comunicación política abarca todo el proceso de comercialización, desde el estudio de mercado previo hasta las pruebas y referencias.

¿De qué se trata el Marketing Político?

El Marketing Político está diseñado para influir en las personas acerca de los candidatos políticos, asuntos políticos y campañas. Aunque el marketing político utiliza muchas de las mismas técnicas que otras formas de marketing, en realidad el Marketing Político es utilizado para promover un concepto o una idea, en vez de un producto o servicio específico, y para motivar a la gente a elegir o apoyar esa idea. El Marketing político tiene que ver con la comunicación con los miembros del partido, con los medios y las fuentes potenciales de financiación, así como con el electorado. Se trata del uso de la investigación de opinión y análisis del ambiente por parte de un partido o candidato, con el fin de producir y promover una oferta competitiva que ayudará a realizar los objetivos organizacionales y satisfacer a grupos de electores, a cambio de sus votos o su apoyo.

Duración

Aunque no hay tanta oferta académica para estudiar Marketing Político, existen cursos, diplomados, licenciaturas y posgrados acerca de esta carrera. La duración de cada uno de ellos dependerá de la Institución o la universidad, pero de manera global los cursos y diplomados pueden durar desde un mes a un año, las licenciaturas suelen tener una duración de cuatro o cinco años y los posgrados pueden durar entre un año o dos. Además la Licenciatura en Marketing y la Licenciatura en Ciencias Políticas incluyen materias o asignaturas relacionadas con el Marketing Político.

¿Qué salida laborar tiene el Marketing Político?

Quien estudia Marketing Político tiene una salida laboral específica pero segura. Las campañas políticas se realizan frecuentemente y, además, el Marketing Político también se usa para realizar campañas políticas institucionales, por lo que el trabajo de un mercadólogo político es permanente.

¿Qué tareas realiza alguien que ha estudiado Marketing Político?

De entre las responsabilidades de un especialista en Marketing Político, puede destacarse la asistencia con cualquiera de las siguientes tareas:
  • Interpretación de la investigación en información gráfica.
  • Ayudar a los candidatos con la programación en línea.
  • Investigar la demografía y la preparación de cuestionarios.
  • Realizar estadísticas con base en los cuestionarios.
  • Comunicaciones en ejercicio.
  • Organización de archivos.
  • Desarrollar garantía corporativa.
  • Asesorar a los diseñadores sobre las preocupaciones tipográficas.
  • Edición de la escritura de los investigadores, sobre todo de manera tipográfica.
  • Editar archivos y crear comprobantes para los clientes.
  • Diseñar la campaña política.

Ventajas de estudiar Marketing Político

  • Aprendes acerca de la comunicación y la psicología.
  • Es una mezcla de arte, ciencia y intuición.
  • Es un campo nuevo por lo que no hay demasiada competencia.
  • Se trata de un oficio bien pago.
  • Si tienes éxito en una campaña tendrás trabajo asegurado.

Desventajas de estudiar Marketing Político

En general, tienes que ser multiuso, estar pendiente de las relaciones públicas, publicidad, ventas, Internet, TV, radio, prensa, etc.
Tendrás que averiguar cómo encajan en el diseño los datos/indicadores.
Serás el responsable de la campaña política, por lo que, si no es exitosa, puedes perder tu trabajo y reputación. Trabajar en política tiene sus desventajas.
Lo más difícil será que encuentres tus primeros clientes, pero, si todo sale bien, lograrás mantener trabajo de manera constante.

¿Dónde estudiar Marketing Político?

Argentina: En cuanto a cursos, están los de Primera Escuela de Arte Multimedial Da Vinci. En cuanto a universidades: Universidad Abierta Interamericana, Universidad Siglo 21, Escuela Argentina de Negocios, Universidad CAECE, etc.
Bolivia: Universidad Central de Bolivia, Universidad de Aquino, etc.
Brasil: Universidad de Brasilia, Escuela Superior de Publicidad y Marketing, etc.
Chile: Universidad de Chile, Universidad Adolfo Ibáñez, DuocUC, Universidad Finis Terrae, Universidad Gabriela Mistral, etc.
Colombia: Fundación Universitaria Libertadores, Colegios Online Colombia, etc.
Costa Rica: Universidad de San Marcos.
Ecuador: Universidad de las Américas.
México: Universidad del Valle de México, UNITEC, Instituto de mercadotecnia y publicidad, ITESO Universidad Jesuita de Guadalajara, etc.
Perú: IPM da cursos.
Uruguay: ORT.
España: Escuela Superior de Comercio Internacional y Marketing, Universidad San Pablo C.E.U., Universidad de Vic, Universidad Camilo José Cela, Universidad Europea, Universidad Complutense de Madrid, Universidad Oberta de Catalunya, Escuela de Administración de Empresas, IEBS, etc.
Portugal: Universidad de Nova Lisboa, The Marketing School, IMF Business School, Escola Superior de Marketing e Publicidade, etc.

martes, 25 de junio de 2013

El extraño arte de plantar ideas en el cerebro de los otros

PSICOCIUDAD NEWSLETTER
Junio 25, 2013


Vas caminando por la calle. Tranquilo. Normal.
Bueno, con un pequeño detalle: llevas un árbol enorme cargado sobre los hombros. Un árbol entero, crecido, con su tronco, sus ramas, sus hojas, sus flores y sus raíces colgando.
La gente te mira con gesto extrañado. 'Bizarro', piensan.
Entras a tu casa con enormes dificultades (el maldito árbol casi que no pasa por la puerta). Atraviesas la casa y las ramas van golpeando y destrozando todo al pasar. Por fin llegas al jardín y colocas el árbol vertical sobre el pasto. Quieres que se quede allí, erguido, con sus raíces hundidas en la tierra, firme, plantado.
Pero no. No se planta. Se cae. Lo levantas. Se inclina y se cae nuevamente. Sudas.
Decididamente no. Así no se planta.
Muchos políticos quieren plantar así sus ideas en el cerebro de la gente.
Colocando la idea completa de un solo golpe.
¡Pum! Ya está. Lo dije, lo expliqué y allí quedó mi idea: grabada para siempre en el cerebro del votante. Erguida, indudable, indiscutida, casi orgullosa.
Parece como si trataran de hundir sus ideas en la mente de otros con sonoros martillazos.
Una explicación. Martillazo.
Una ironía. Martillazo.
Un ejemplo. Martillazo.
Un ataque. Martillazo.
Un grito. Martillazo.
Pero no. Así no se plantan las ideas.
Perdón: ¿las ideas se plantan?
Sí.
¿Cómo dijo?
Que sí.
¿Y entonces?
Para tener un árbol en tu jardín necesitas unas cuantas cosas. Todas incluyen trabajo, esfuerzo, paciencia, perseverancia. No creo que se te ocurre sentarte a verlo crecer, simplemente. Ni pretender que a la mañana siguiente ya esté allí, dándote sombra y frutos y flores.
Para plantar un árbol tienes que ir poco a poco.
Lentamente.
Con cuidado.
Lo mismo ocurre con las ideas.
Debes deslizarlas. Sugerirlas. Dejarlas entrever. Incluirlas dentro de una historia. Decirlas casi al pasar, como si no importaran. Filtrarlas gota a gota.
En una palabra: debes sembrar las ideas en el cerebro de la gente.
Sembrar. Eso mismo.
Para que luego vayan creciendo dentro de ese cerebro. Tienes que darle pie a los demás para que agreguen, para que aporten, para que relacionen una cosa con otra, para que completen tu idea con ideas de ellos.
No se trata de embestir con una topadora. Se trata de persuadir.
¿Vas a ofrecer una solución a un problema? 
Pues tendrías que hacerlo cuando es posible. Cuando digo posible quiero decir que es realista y realizable en la práctica, pero también quiero decir que el otro podría estar en condiciones de aceptarla. No sería bueno luchar contra su voluntad por imponerle una solución.
Más vale 'plantarle la idea', sugerirla levemente, apenas como una posibilidad, sin énfasis, sin subrayado, sin especial hincapié, con levedad, casi como si fuera sin importancia. Y dejar que germine tarde o temprano.
Cuando quieras plantar una idea en la cabeza de alguien, recuerda la naturaleza.
Esa misma naturaleza que todos decimos que es sabia. Y que lo es.
Y trata de actuar con la misma paciente sabiduría que actúa la naturaleza.
Recuerda que convencer no es derrotar, no es poner de rodillas las ideas previas del otro. Más bien es inocular lentamente tus ideas. Hasta que ya no sean solo tuyas, sino también del otro.

miércoles, 12 de junio de 2013

En qué creen los que no creen en nada

PSICOCIUDAD NEWSLETTER
Junio 11, 2013
Por: Daniel Eskibel


Muchas personas no creen en los partidos políticos. Desconfían de ellos. No los quieren. Tampoco creen demasiado en los propios políticos.
Y menos aún en los candidatos.
En una palabra: no creen en la política.

¿Por qué?
Tal vez sea más simple de lo que parece:
1. Desde el punto de vista intelectual no vinculan la práctica política con los problemas que viven en la vida cotidiana.
2. Desde el punto de vista de su experiencia personal han vivido demasiadas experiencias políticas negativas.
3. Desde el punto de vista emocional se sienten engañados, desilusionados, heridos por la política.

Antipolítica. Individualismo. Fragmentación social.

Pero...Siempre hay un pero.
¿Realmente no creen en nada? ¿Nada de nada? ¿Cero?
Pues no.
Hay algo en lo que creen los que no creen en nada.

Shhh...No lo digas en voz alta. Silencio.
Sí.
Los que no creen en nada sí creen en algo.
Causas. Lo que cada uno considere como buenas causas.
Y están dispuestos a luchar por esas causas.

La democracia.
La libertad.
El medio ambiente.
La seguridad.
La diversidad sexual.
La familia.
La vida de los animales.
La lucha contra las enfermedades.
La alimentación sana.
Los valores religiosos.
La justicia.
Los derechos humanos.
La igualdad de géneros.
Y un largo etcétera...

Los que no creen en nada creen en causas. 
Claro que en el fondo también estamos hablando de política, pero tal vez de otra forma. Porque no vas a lograr conmoverlos por un candidato o por un partido, pero sí por una causa que sientan como noble y valiosa.
Y pueden actuar de múltiples maneras para defender esas causas. Pueden dar lo mejor de sí. Aunque arrugen la nariz con desagrado cuando les hables de política partidaria.

Entonces...
Cuando los partidos políticos se vacían de gente. Cuando campea la antipolítica. Cuando la sociedad parece estallar en mil pedazos que se dispersan. Cuando cada persona parece ponerse una escafandra y recluirse en su propia burbuja...
Cuando pasan esas cosas y los políticos protestan porque ya nadie cree en nada.
Pues llega el momento de convocar a la defensa de causas que valgan la pena.
Causas que impliquen tanto lo intelectual como lo emocional.
Causas que se sientan tanto o más que lo que se piensan. Que llamen a moverse en su defensa.
No lo olvides: causas.

miércoles, 5 de junio de 2013

El cerebro del votante elude los riesgos

PSICOCIUDAD NEWSLETTER
Junio 04, 2013
Por: Daniel Eskibel.


Imagina que hay solo 2 candidatos y que ambos son extremadamente diferentes en su ecuación riesgo-beneficio.

Uno de ellos ofrece grandes beneficios al elector, pero al mismo tiempo grandes riesgos.
El otro ofrece pequeños beneficios, pero simultáneamente pequeños riesgos.

¿Qué hace el cerebro del votante en situaciones así?
Elige los pequeños riesgos.

¿Por qué?
Porque el cerebro trabaja a tiempo completo para minimizar riesgos.

Sonríe. Tu cerebro te protege
Esa es la función del cerebro. Protegerte.
Mantenerte vivo, seguro, a salvo de toda amenaza. 

Por eso es el cerebro quien regula tu respiración, tu flujo sanguíneo y los latidos de tu corazón. Es quien dirige la gran orquesta de tu cuerpo y hace funcionar todos los sistemas.
Todos. Los más simples y los más complejos.

Por eso, también, es el cerebro quien te advierte de los peligros externos que puedan amenazarte. Es una máquina que todo el tiempo está escudriñando la realidad para detectar problemas, riesgos, peligros.

Y te avisa.

El cerebro no se apaga en campaña electoral
Sigue allí, en cada elector. Operando. Haciendo lo suyo. Cumpliendo su misión.
Protegiendo. Evitando riesgos. Detectando problemas. Esquivando peligros.

Sigue allí, y sigue funcionando del mismo modo.
Escaneando el discurso de los políticos.
Sus palabras. Sus gestos.
Su publicidad. Su música. Sus colores.
Escaneando y escaneando como un vigilante incansable.

¿Qué busca en los políticos mientras los escanea? Riesgos. Busca posibles riesgos, posibles amenazas. Para poner al votante a salvo.

No busca beneficios ni promesas. Busca peligros. Y cuando los encuentra enciende una luz roja que destella. Que le avisa al votante: ¡cuidado! Que le genera una emoción negativa frente al candidato.

Y el votante escapa.

Solo achicando riesgos se sobrevive al escaneo
Es casi el primer mandamiento de una campaña electoral. Achicar, minimizar, eliminar si es posible los riesgos que puedan afectar al elector.

¿Que no hay riesgos? ¿Cómo que no?

Si el elector sabe que muchas cosas dependen de la persona a la que elija como Alcalde, Gobernador o Presidente.

Claro que hay riesgos. Te bajan el sueldo. Te quedas sin trabajo. No puedes estudiar. La jubilación no te alcanza. Los precios suben violentamente. La cotización de la moneda cambia drásticamente. No hay saneamiento y surgen enfermedades. Se dispara una epidemia para la que no hay prevenciones. Circulas por calles y caminos intransitables. Falta seguridad y te asaltan en la esquina. Te prometen algo y no lo cumplen. Se aprovechan del poder para enriquecerse. Te aumentan los impuestos...

¡Claro que hay riesgos! Y muchos.

Entonces el cerebro trabaja para tomar una decisión que achique el margen de riesgo. Para votar al candidato que perciba como menos riesgoso.

Menudo asunto para una campaña electoral.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Presentación. Conocer y Seducir a la Ciudadanía.

¿Acaso es imposible derrotar al clientelismo político?

PSICOCIUDAD NEWSLETTER
Mayo 28, 2013
Por: Daniel Eskibel


El clientelismo político es la utilización abusiva del poder del estado para lograr votos a favor del partido de gobierno.
Los ciudadanos pasan entonces a ser clientes y entregan su voto a cambio de favores: un puesto de trabajo, una canasta de alimentos, materiales de construcción, dinero en efectivo y todo lo que la imaginación gubernamental pueda concebir.
¿Se puede derrotar a una maquinaria de esta naturaleza?
Sí. Es difícil, por supuesto. Pero se puede.
De hecho este tipo de maquinarias han sido derrotadas en diversos lugares del mundo.
Que nadie crea, entonces, que por tener estructurado un sistema clientelar tiene asegurado el triunfo electoral.
Y que nadie crea que por enfrentarse a un oficialismo de estas características tiene asegurada la derrota.
Todo está en la mente del votante
El principal problema para el opositor no está en la conducta de quien compra votos sino en la mente de quien acepta el procedimiento.
La base misma del sistema clientelar es la existencia de un amplio sector de la sociedad que lo acepta. Sector que si afinamos un poco el análisis está compuesto por 2 públicos diferentes:
1. Personas que ven a la política como un lugar donde lograr ventajas personales directas e inmediatas, a costa de lo que sea.
2. Personas necesitadas, que viven una vida muy difícil, una vida llena de carencias y casi vacía de esperanzas.
El primer público es el núcleo duro del clientelismo. Solo dejarían de ser "clientes" del oficialismo si pudieran ser, en mejores condiciones, "clientes" de una oposición que conquiste el gobierno.
Pero son casi inmunes a la comunicación política.
El segundo es el público que puede cambiar.
Es para ellos que la oposición tiene que tener un plan definido. No solo un plan de acción gubernamental para cuando llegue la ocasión. No solo eso. También, y fundamentalmente, un plan comunicacional específico para ellos y sus familias. 
Pautas iniciales para pensar la estrategia opositora
1. Promover en esos sectores experiencias sociales diferentes al clientelismo (por ejemplo a través de organizaciones sociales no gubernamentales, sindicatos, asociaciones y grupos de diversa índole de la sociedad civil organizada)
2. Apuntar comunicacionalmente a los más jóvenes, a quienes tienen menos cristalizada en su mente la experiencia clientelar
3. Darle prioridad a la conquista de espacios de gobierno (por ejemplo alcaldías) y gestionarlos de un modo diferente
4. Impulsar avances tecnológicos que vuelvan innecesaria la presencia como gestores de los punteros políticos del gobierno
5. Llegar a la mente del público objetivo mediante manifestaciones culturales no directamente políticas ni partidarias
6. Valorizar el contacto personal y el diálogo directo como herramientas vitales de la comunicación política
7. Trabajar intensamente el concepto de libertad personal para votar y para vivir sin condicionamientos
8. Construir un horizonte de esperanza donde puedan visualizar una vida mejor para ellos y sus familias
Son solo pautas iniciales, claro está. Pero el camino para enfrentarse al oficialismo clientelista pasa por ahí.
Un camino duro. Pero posible.