Aunque algunos consideran esta característica como clasista, pues efectivamente se refiere a cuestiones económicas y sociales, por regla general al voto de opinión lo ubican en las franjas de clase media.
Al ser de clase media, se ve más notorio en donde se concentre la mayor cantidad de población de este tipo, es decir en las grandes ciudades, como Bogotá, Medellín o Cali. De estas últimas, la reina en cantidad de voto de opinión es la Capital, siendo más fácil medir la influencia de este en una determinada elección. Y que, además, tiene un título profesional y ha hecho algún tipo de postgrado, llámese especialización, maestría o doctorado.
Incluso, tiene edad, entre 30 y 45 años, que hace que el votante de opinión no solo se informe y tenga algún tipo de conocimiento de la actualidad, sino que además trabaja, y su cargo no depende de que un determinado partido o movimiento político llegue a un cargo de autoridad. No depende de contratación pública, ni tienen relación directa con determinado político afiliado a una colectividad.
No tiene una definición exacta
Analistas y expertos no se arriesgan a definir de manera tajante qué es el voto de opinión, de ahí que sea tan difícil medirlo y saber el impacto real que tienen o tendrían en una elección en particular. La definición que más se ha extendido es la del no: no es maquinaria, no es clientelista, no es amarrado.
Lo único que se arriesgan a decir es que ese voto, del que no se sabe a ciencia cierta qué es, sale de esa franja de la población que no cree en los partidos políticos o que al menos no les interesa si el candidato que les gusta pertenece a un determinado color.
De este punto en particular se adhieren aquellos que piensan que este tipo de voto surgió en el país a raíz del llamado Frente Nacional, en el que el Partido Liberal y el Conservador alternaron la presidencia de la República, y dieron origen a la llamada generación sin partido, que evolucionó a las cifras de hoy, en las que al menos el 75 por ciento de los colombianos asumen no tener filiación política, según cifras del Barómetro de las Américas.
Vota por alcalde, gobernador y presidente
Una de las cualidades más notorias del voto de opinión es que tiene mayor impacto en los llamados cargos uninominales, en los que la baraja de candidatos es más restringida y se elige para ocupar un cargo en cualquiera de los niveles del ejecutivo.
Alcaldes, gobernadores y presidentes son los cargos en los que más fácil se puede apreciar el impacto de un voto no atado, aunque en el momento no tenga la capacidad para decidir una elección, sí incide de manera importante.
En el caso de los cargos a corporaciones públicas, como concejos, asambleas o Congreso, se ve menos presencia del voto de opinión, o al menos un panorama más atomizado, por lo que su importancia se reduce.
Crece con desprestigio de los partidos
A pesar de que no es claro el origen del voto de opinión, sí tiene una relevancia mayor con la llamada explosión de los medios masivos de comunicación, sobre todo radio y televisión.
Los medios son interlocutores de la actualidad, que en tiempos de elecciones van mostrando la baraja de candidatos que están optando por determinado cargo público.
Con la llegada de internet y en particular de las redes sociales, se ha visto cómo estas también están influenciando a los votantes de manera permanente.
Fue el caso de la llamada Ola Verde en 2010, pero que también mostró la debilidad de este tipo de medios con respecto a un candidato, que terminó siendo apoyado por personas que en muchos casos no tenían la edad para votar.
El fantasma caudillista
De las características que más perturban a los jefes de campaña y ponen a comerse las uñas a los candidatos, es que el voto de opinión no se casa, es voluble, es lo que se denomina como voto golondrina, migra sin importar la hora o el día.
Si hoy está con uno, puede perfectamente estar con otro 15 minutos antes de votar o incluso estando en la mesa de votación puede cambiar de candidato. Es por eso que al ver la lista de candidatos que han tenido influencia del voto de opinión en una elección, se notan muchos matices, colores y tendencias, desde Uribe en 2002, hasta Mockus en 2010.
Voto golondrina
Si bien es cierto que no se casa con ningún partido, movimiento político o candidato determinado, sí hay una característica que analistas han notado en las elecciones luego de la Constitución de 1991: les gustan los candidatos de la antipolítica tradicional.
Es decir, si bien el aspirante puede ser de una determinada colectividad, que puede ser tradicional o no, su imagen tendría que ser la de un personaje que quiere reformar, transformar y dejar las formas de hacer política tradicional.
Por eso es que es capaz de castigar candidatos que hayan estado presentes es escándalos de corrupción.
Le gusta la televisión
Algo que concluyen los analistas es la relación inversamente proporcional entre los adeptos a los partidos políticos y el voto de opinión. A más voto de opinión, menos adeptos a los partidos, y viceversa.
Esto es notorio en la última encuesta de Gallup Colombia, en la que el 70 por ciento del país no tiene partido y el 68 por ciento tiene mala imagen de esas colectividades.
Se podría pensar que hay un gran potencial del voto de opinión, pues quienes no tienen ninguna fidelidad a determinado partido, pueden llegar a elegir según un diagnóstico que se puede hacer de determinado candidato en una elección en particular.
Es apolítico
El riesgo más grande que tiene el voto de opinión es el caudillismo o personalismo exagerado de ciertos personajes que cuentan con un amplio carisma y atraen a cientos de votantes que, al no tener una disciplina partidista, pueden ir fácilmente a apoyarlo.
En términos generales, se opone a los sistemas de partidos fuertes, en los que las iniciativas vengan de las colectividades sociales y se propugne menos por personas determinadas y más por grupos políticos consolidados.
Son precisamente esos contextos los que se comportan como caldo de cultivo para que surjan personajes con grandes sonrisas que atraen multitudes.
Fuentes
Jhon Sudarsky, senador Partido Verde; Jorge Londoño, gerente de Gallup Colombia; Alejandra Barrios, directora de la Misión de Observación Electoral; Alejo Vargas, director del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad Nacional; Luis Guillermo Patiño, director de la Facultad de Ciencias Políticas de la UPB; Juan Carlos Rodríguez, director del Observatorio de la Democracia de la Universidad de los Andes.