martes, 5 de febrero de 2013

Marketing Político: ¿infierno o paraíso?

PSICOCIUDAD NEWSLETTER
Por: Daniel Eskibel
Febrero 05, 2013


Muchos ven en el Marketing Político la encarnación misma del infierno, del mal, de los más oscuros manejos. 
Y si además la psicología también ingresa en el menú, y hasta las neurociencias, pues ese infierno parece aún más terrible porque se tiñe de manipulación de masas.

Otros, en cambio, ven el Marketing Político como el paraíso, la panacea, el camino del bien y de la inocencia.

Ni tan calvo ni con 2 pelucas, como decían en mi pueblo.
Ni tanto ni tan poco.
Ni infierno ni paraíso.
¿Purgatorio? Tal vez, tal vez...

Lo que quiero decir es que hay otra forma de ver el tema.

El ángulo de la comunicación política
Para que la comunicación política realmente esté al servicio de los ciudadanos y de los dirigentes es imprescindible que, ante todo, sea buena comunicación. 
Porque la buena comunicación política facilita el diálogo y la escucha mutua entre políticos y ciudadanos, fomentando de ese modo el conocimiento realista del otro, de sus acciones y de sus problemas y ayudando a una mejor gestión social de las expectativas de unos y otros.
La política es comunicación, siempre, desde un principio.
Buena comunicación es buena política, entonces. Política al servicio del ciudadano. 
Y un punto de partida relevante para hacer buena comunicación es conocer mejor los mecanismos mentales a través de los cuales se procesa la información política dentro del cerebro del ciudadano. 
Si el sistema político comprende más y mejor esos mecanismos estará en mejores condiciones de depurar de ruidos la comunicación política y hacerla más precisa, más eficaz, más eficiente, más abierta a la escucha, más dialogada y más democrática.
En suma: el conocimiento psicológico y neurocientífico puede ayudar a mejorar la comunicación política. Y la buena comunicación política construye ciudadanía y construye democracia.
Ese puede ser un buen camino para el marketing político. Ni las llamas del infierno ni los sonidos melodiosos del paraíso.
Comunicación.

martes, 29 de enero de 2013

Libros esenciales en Politología.


Libros de Politologia
José Luis López Valenciano (@kasugakun). Existen obras del pasado que siguen en plena vigencia cientos de años después. Una de ellas es “La democracia en América”, de Alexis de Tocqueville. Se trata de un libro clave para comprender la complejidad de la democracia actual y las fuerzas que interactúan dentro de ella. Es mucho más que una mera descripción del funcionamiento de la incipiente y novedosa democracia norteamericana. Las ideas esbozadas en la obra, como la tiranía de la mayoría y la necesidad de una efectiva división de poderes, reforzada por un vigoroso sistema de controles y contrapesos, para mitigar este peligro, siguen siendo actuales.

Nuevos tiempos en política, sí. Y ¿nuevas formas de comunicar?


Foto: Golbedia
Hablemos de un liderazgo valiente. Hablemos de profesionalizar la comunicación en política. ¿Por qué?. Porque en el aire se respira la necesidad de un cambio y no podemos negar que, en medio del desgaste y la desconfianza, el fenómeno Obama nos ha marcado y por fin nos ha hecho dar cuenta de la importancia que tiene saber comunicar dentro de los partidos políticos. Pero esto es un secreto oculto, especialmente en estructuras de organizaciones políticas partidarias con tradiciones jerárquicas verticales donde cuesta sudor y lágrimas (sobre todo lo último) que se establezca una lógica horizontal con redes que reflejen la nueva dinámica comunicacional. Una dinámica que ya ha llegado. Entonces ¿tienen miedo nuestros partidos políticos a contratar consultores en comunicación independientes?. A continuación pretendo dar algunas razones por las que deberían alejarse de ese miedo.
Creo que coincidimos quienes nos dedicamos al estudio de la Comunicación Política, en que ésta no se dedica exclusivamente a las campañas electorales, aunque en éstas el enfoque de estrategias del mensaje, la repetición del mismo, y el estar dos o tres meses recibiendo grandes dosis de candidaturas por la radio, la televisión, los diarios, vallas y volantes, hacen que pensemos en política todo el tiempo; es también en el Estado (especialmente en el poder ejecutivo) donde se aplica ésta rama de la comunicación. Por lo que siento decirle candidato/a que unas elecciones no se ganan en 15 días de campaña. Hoy, ayer y mañana son importante. Se trata del concepto de “Campaña Permanente” (que no significa estar permanentemente en campaña).
Otra certeza es que la capacidad de comunicación personal es lo que nos permite llegar a los demás, mucho más allá de los argumentos racionales. Nos permite llegar con las emociones. Y esto es lo que de verdad inspira confianza, tiene credibilidad, motiva, anima, influye y moviliza. No hay comunicación neutra, de la misma manera que no se puede no comunicar. Si partimos de estas leyes tan elementales, es mucho más claro tener presente que el control sobre el mensaje que emitimos y dominar la forma de transmitirlo, son habilidades esenciales para el éxito.
Tener claro el mensaje y dominar las técnicas de impacto y difusión son ventajas competitivas que no nos podemos permitir infravalorar por diferentes razones. En primer lugar, por la saturación de información. Por la diversidad de vías de transmisión y la rapidez con la que cambian. Por la falta de credibilidad que tiene la clase política. Porque los públicos objetivos son cada vez más cultos, más críticos y también más escépticos ante cualquier promesa.
Por estos motivos hacen falta expertos en la materia, hacen falta conocimientos externos de la dinámica de partido.Y es necesaria, muy a menudo, una cierta desimplicación ideológica para ver las cosas con perspectiva. Es necesario profesionalizar el asesoramiento en comunicación y en estrategia política. Y hay que confiar a expertos el aprendizaje de técnicas de comunicación pública y política, igual que lo aplica desde hace décadas la empresa privada para sus profesionales.
Hoy, debemos dominar la palabra, y también el código de los colores, la gramática del gesto, el poder de la voz y todas las técnicas de persuasión que harán que nos escuchen y, sobre todo, nos harán diferentes y auténticos, dos de los atributos imprescindibles para seducir. Hoy, podemos desarrollar las habilidades de las personas mediante entrenamientos rigurosos y eficaces. Y podemos planificar la comunicación personal de cada candidato y de cada personaje público, para adecuarla al contexto y objetivos marcados. No es simple liderazgo sino una forma, personal y inigualable, de liderar. Y eso no se consigue con miedo.

Trabajando por la educación.


El doctor Santiago Ospina, acompañado por el concejal del municipio de Rionegro Dr. Juan Fernando Ospina Hinestrosa, demostró una vez más su compromiso  total y de tiempo completo en pro de la educación y el servicio a la comunidad.

Esta vez, su voluntad se vio reflejada mediante la repartición de varios kits escolares, los cuales fueron destinados a las personas más necesitadas de varios municipios de nuestro departamento.

Esta  bella labor, que viene realizando varios años atrás, desde su presencia en el concejo municipal de Rionegro, sigue resaltando su compromiso con la comunidad y su preocupación por mejorar las condiciones educativas.

lunes, 28 de enero de 2013

Obama y Lincoln: Dos épocas, un discurso.


obama lincoln
Montaje callejero con las caras de Obama y Lincoln
Hubo muchas similitudes entre el discurso que hicieron Lincoln y Obama al ser nombrados presidentes. Mientras que Lincoln ocupaba las salas de cine, Obama preparaba su segundo discurso de investidura.
En plena emoción por el esperado estreno de la película ‘Lincoln‘ y por el discurso de Barack Obama en su nueva toma de posesión, parece descabellado hacer una comparativa entre el discurso que ofreció este viejo presidente el 4 de marzo de 1861 y el que pudimos oír de Obama el pasado 20 de enero de 2009. Ambos son dos textos inaugurales, dos tomas de posesión. Pero no es tan descabellado si los miramos con lupa, si intentamos entender el porqué de esas palabras en momentos tan oportunos.
El primero incitando al cambio, el segundo también. El primero republicano, el segundo demócrata. El primero con un objetivo nacional, el segundo nacional pero más internacional. Y ambos con el fin de acercarse al pueblo dos presidentes capaces de ponerse a prueba en momentos podríamos decir… ¿críticos?
Si el primer discurso de Abraham Lincoln estaba enfocado hacia la “advertencia en positivo” de que él estaría a favor de la paz y no la guerra con aquellos Estados que no lo aceptasen, el discurso de Barack Obama estaba enfocado hacia la ilusión de un nuevo momento en el que apostaba por y para todos, tanto para los que lo apoyaron como para los que no.
Las palabras del primer discurso pueden parecer positivistas y rectas conforme a la Ley, las del discurso de Obama intangibles y cercanas conforme a la necesidad ansiosa del ciudadano. Pero los dos mantienen un quinteto de elementos en común y casi con la misma estructura: referencia al pasado y orgullo por su país, recuerdo a los anteriores presidentes, mención del problema presente, visión de futuro y advertencia de su capacidad.
Pasado, orgullo y recuerdo.
Ambos presidentes mencionan la palabra “prudencia”, y con prudencia empezaron su discurso aludiendo los dos al pasado, esa historia de los Estados Unidos que, aunque breve, ha tenido gran relevancia en la política internacional. Obama se muestra “conocedor de los sacrificios que hicieron nuestros antepasados”. Lincoln, que forma parte de esos antepasados, empezó relatando que quería cumplir con “una costumbre tan antigua como el gobierno mismo”. Con él se cerraba una era de divisiones para empezar a unificar ideales y objetivos. Necesitaba del pasado para hacerlo. “Unión”, apelaba. Como unión también quería el presidente Obama. Palabras que se repiten en ambos discursos.
El recuerdo de los anteriores presidentes es algo que está implícito en la política americana. Esto es lo que dijo Obama en 2009:
Son ya 44 los estadounidenses que han prestado juramento como presidentes. Lo han hecho durante mareas de prosperidad y en aguas pacíficas y tranquilas
Esto fue lo que dijo el presidente Lincoln:
Setenta y dos años hace que tomó posesión el primer presidente bajo nuestra Constitución nacional. Durante este período, quince presidentes distintos, todos ciudadanos tan distinguidos como ilustres, han representado al poder ejecutivo del Gobierno a través de muchos peligros, pero siempre con feliz éxito
¿No se parecen en algo 152 años después?
La capacidad para el presente y el futuro.
Los dos presidentes tenían un problema presente. Y porque creyeron en su capacidad, esperaban otro futuro. Lincoln anunció las diferencias entre los Estados, los que lo apoyaban y los que no, y lo que podía ocurrir con aquellos que no lo apoyaban. Podía haber guerra, pero él quería paz. Lo hizo aludiendo siempre a la Constitución como la salvaguarda del Estado. De hecho es la segunda palabra que más se repite en su discurso, hasta 14 veces la menciona. La primera que más repite es “unión”.
Se presentó con un:
Entro en el desempeño de mis elevadas funciones con tanta desconfianza como temor de que me falten las fuerzas necesarias en la situación presente
Mientras, Obama eligió estas palabras:
Ya sé que hay quienes ponen en duda la dimensión de mis ambiciones. (…) Tienen mala memoria. Porque se han olvidado de lo que ya ha hecho este país, de lo que los hombres y mujeres libres pueden lograr cuando la imaginación se une a un propósito común y la necesidad al valor
Él, a diferencia de Lincoln, escoge la “esperanza” por encima del “temor”. Y también menciona “unidos”, hasta nueve veces. La diferencia entre ambos es que Lincoln confiaba en la Constitución como elemento protector, mientras que Obama lo hacía en el “padre”, palabra que repite hasta en cinco ocasiones. Y a partir de ahí, empezar a hacer, en el discurso de Obama.
A partir de hoy, debemos levantarnos, sacudirnos el polvo y empezar a trabajar para reconstruir Estados Unidos
¿Qué dirá el próximo 20 de enero?
Los dos se ponen a prueba en ese futuro inmediato y ponen en manos del pueblo esa vigilanciade la que nos habla el asesor de comunicación, Antoni Gutiérrez-Rubí. ’Vigiladme’, piden. No es de hoy reconocer el poder del pueblo. Ya en 1860 Lincoln advirtió de ese poder en pleno momento de esclavitud:
Mientras que el pueblo vigile y sea virtuoso, ninguna administración, por mala que sea, podrá perjudicar gravemente al gobierno ni al país en el corto espacio de cuatro años (…) Nada se pierde por exceso de reflexión

Psicología política y campañas electorales.


"psicologia politica y campañas electorales"
Muchos dirigentes políticos y asesores de campaña dicen, como si soñaran con una utopía, que ganarían las elecciones si supieran cómo es que el elector decide su voto. ¿Por qué no recurrir a la Psicología? ¿Acaso 2500 años de conocimiento acumulado no tienen algo esencial que decir respecto al votante?
Una campaña electoral no se juega en los medios de comunicación ni en la calle, sino en el cerebro humano. Allí está la clave. Es el cerebro de cada elector quien recibe los mensajes de la campaña, los decodifica, los analiza, los archiva, los vuelve a recuperar, los interpreta y hasta los modifica.
Es en ese campo de batalla que luchan los mensajes de los distintos candidatos. Allí tienen que dar lo mejor de sí para persuadir y lograr el voto. Allí es que el elector despliega sus ideas, sus recuerdos y sus emociones. Y allí se produce la decisión de voto.
El cerebro, si lo vemos desde el punto de vista físico. La mente, si lo vemos desde el punto de vista psicológico.
El problema de toda campaña electoral
Siempre hay un problema que resolver. En las campañas electorales podría formularse así: la batalla se da en el cerebro de los votantes, pero quienes dirigen la campaña generalmente desconocen las leyes de funcionamiento de ese cerebro.
Entonces es que podemos apelar a la psicología política.
El elector, el candidato y la psicología política
En la antigua Grecia, hace alrededor de 2500 años, surgieron las primeras reflexiones acerca de la Psicología. Aquellos griegos curiosos ya comenzaron a observar y analizar el comportamiento humano, las conductas, los sentimientos, el razonamiento, las emociones, las relaciones sociales, las fantasías, la voluntad…
Uno de aquellos filósofos, Aristóteles, fue de los que más avanzó en el estudio de esta zona del conocimiento. Aristóteles, quien definía al ser humano como un “animal político”. Político venía de “polis”, en referencia a la ciudad. El hombre, entonces, era esa especie animal que se ocupa de los asuntos colectivos de la ciudad en la que vive.
Durante unos cuantos siglos la Psicología creció y se desarrolló al amparo de la Filosofía. Siglos y siglos acumulando saberes. Hasta dar el gran salto en las décadas finales del siglo 19. Primero fue Wundt que fundó un laboratorio de Psicología, buscando aplicar metodologías similares a las de las ciencias naturales. Y luego Sigmund Freud revolucionando el concepto mismo de Psicología con su descubrimiento del inconsciente.
La Psicología se separó finalmente de la Filosofía y se hizo ciencia. Durante todo el siglo 20 acumuló una fantástica y tal vez poco conocida base de conocimientos. Y se desarrolló en todas las direcciones, generando aplicaciones para literalmente todos los ámbitos humanos. En ese contexto surge la Psicología Política propiamente dicha.
La psicología política es una disciplina científica, claro está. Estudia la vida política focalizando sobre los procesos mentales del elector. Ilumina las zonas del cerebro activadas por los mensajes políticos y las campañas electorales. Estudia, experimenta, analiza, investiga, formula hipótesis, vuelve a experimentar, observa, saca conclusiones, vuelve a observar…
La psicología política produce, y produce mucho. Artículos, libros, conferencias, cursos, seminarios…Y lleva ya unas cuantas décadas en esa tarea. Sin embargo, la inmensa mayoría de los dirigentes políticos desconoce completamente que en la psicología política pueden estar las respuestas para las preguntas que surgen en cada campaña electoral.
Por otra parte, las campañas electorales se suceden en todo el mundo sin solución de continuidad. Siempre hay campañas en marcha. Y los políticos, los publicistas, los consultores, los periodistas y los estrategas también producen y aportan mucho. Pero la inmensa mayoría de quienes saben de psicología política se quedan en sus ámbitos académicos y no salen a la arena electoral.
Psicología política aplicada
Si el cerebro humano es el campo de batalla de toda campaña electoral, entonces aplicar los conocimientos de la psicología política pasa a ser un elemento estratégico en la definición de la elección.
Aplicar la psicología política a la campaña electoral. De eso se trata.
Fuente:Psicociudad

lunes, 14 de enero de 2013

Política: Cuestión de razón y emoción


Política Razón y Emoción
“Mientras el cerebro sea un misterio, el universo continuará siendo un misterio.” Santiago ramón y Caja.
En fechas recientes las neurociencias han integrado la neuropolítica como una rama que intenta explicar los procesos mentales que llevan a un elector a votar por tal o cual candidato. Esta relativa nueva disciplina considera aspectos tanto biológicos como sociales del individuo y su entorno, resultando interesante y útil para la propagada, estrategias de mercadotecnia, comunicación política, estrategias gubernamentales, consensos y toma de decisiones.
La neuropolítica mide las reacciones neurológicas que genera un candidato en los ciudadanos en cuanto a su discurso, marketing y plataforma electoral.
En este sentido la neuropolítica cobra fuerza, debido a que estudios realizados demuestran la importancia cognitiva del elector, esto es la empatía con el candidato, la expresividad facial y los gestos corporales de este, así como la manera de articular las imágenes, los valores y los sentimientos que finalmente canalizan su voto. La neuropolítica puede hacernos comprender el proceso cognitivo de los votantes en unas elecciones, ya que las decisión del voto es resultado del pensamiento producto de la percepción que se tiene del candidato.
El “cerebro político”, objeto de estudio de la neuropolítica, es lo suficiente subjetivo a la hora de sufragar, lo hace más por afinidades, simpatías y empatías, incluso trata de acomodar la información a los sentimientos, es ahí donde radica la importancia de la imagen física del candidato. Este tipo de cerebro curiosamente le da más valor a lo que no nos gusta que a lo que nos gusta de un candidato, es decir, se vota por el candidato que menos nos desagrada.

El tema ha despertado el interés científico y por lo tanto están integrando las ciencias cognitivas como la psicología y la filosofía a las ciencias sociales como la política y la sociología de manera que la primera explique la segunda, con la intención de predecir la intención del votante en un proceso electoral. Es decir, determinar las preferencias de voto de los electores en función de los patrones de actividad neuronal.
La neuropolítica es un tema que debería interesar a los que se dedican a la política profesional y todas aquellas personas que estudian la comunicación política como son los estrategas, consultores y coordinadores de campaña.
Existe la creencia que otorgarle un voto o no a cierto candidato en una elección es el resultado de un análisis detallado, un proceso razonado en el que se comparan y contrastan diversos factores como son los compromisos de campaña, imagen del candidato, carrera política de este, entre otros aspectos. Sin embargo, esto no sucede del todo así.
Es verdad que se pondera el voto razonado y que las personas que externan su preferencia por algún candidato vinculándola con la parte afectiva, aquella que se rige por las emociones, son juzgadas como irracionales, ignorantes y fácilmente manipulables.
Pero ¿de verdad tenemos control sobre nuestro cerebro o no será más bien que nuestro cerebro nos ayuda auto engañarnos para no sentirnos manipulados por la propaganda electoral? La neurociencia confirma la ventaja de la razón, justificando que el pensamiento analítico que se deriva precisamente de la razón, es un rasgo distintivo para el desarrollo y la evolución.

Sí las campañas electorales consideraran los procesos mentales de quienes emitirán su voto, se dejaría de ver al elector como un producto y en su lugar comenzarían a verlo como el motivo de la campaña.
Muchas campañas aún siguen utilizando las mismas estrategias mercadológicas de antaño en las que se cree que con un objeto material se puede convencer de votar por cierto candidato, siendo que esto solamente provoca una satisfacción inmediata, pero no logra crear una vinculación emocional entre el elector y el candidato y mucho menos garantiza el voto a su favor.

Se ha comprobado que en campañas electorales los ciudadanos más informados, aquellos que leen noticias, escuchan la radio y siguen los acontecimientos del día, no manifiestan un comportamiento muy distinto a los que desconocen esto a la hora de apoyar a un candidato o a un partido. En este sentido comprendemos que el elector tiene la capacidad de transformar la información que obtiene y manipularla hasta que se adecua a lo que siempre ha creído, desechando e ignorando la información que no se asemeja a sus propias creencias. Esto podría explica por qué hechos concretos, como descubrir que los políticos mienten o son ignorantes y corruptos, no modifica la intención de voto. El cerebro escucha solamente lo que desea y lo que resulta racional, es decir, lo que podría hacerlo cambiar de opinión lo bloquea.

Cuando un elector se encuentra en la urna, vienen a su mente imágenes, sucesos vividos, se manifiestan sus temores y también lo que le satisface. La decisión racional que implica elegir al candidato, es realmente el sentimiento de aprecio o antipatía el que se hace presente. Cada quien tiene su historia y cada persona actúa con base a sus vivencias; es una elección basada en creencias, que bien pueden ser ciertas o no.
Hoy en día continuamos sorprendiéndonos de que existan mayorías abrumadoras de electores que continúen apoyando a ciertos partidos o a ciertos candidatos que podrían parecer perjudiciales para los propios intereses de aquellos que los eligen.

En este contexto, conocer cómo funciona el cerebro humano debería ser fundamental a la hora de armar estrategias políticas, nuestros representantes políticos deberían mostrarse interesados por conocer a los ciudadanos que pretenden gobernar. Asimismo aprovechar las nuevas tecnologías y la neuroinformación, para crear novedosas estrategias y técnicas visuales, además de mejorar la calidad de la comunicación.
Una campaña hueca es una campaña que no logra comunicar lo que pretende, donde el mensaje no llega al votante, no hay conexión ni empatía, donde no se mueven las emociones ni se obtienen la intención del voto a favor.
Votar por un candidato debe ser un acto reflexionado, sin embargo, la aportación de lo que hoy en día conocemos, es que no se puede concebir
el voto de un elector, sin considerar una relación íntima entre la razón y la emoción.